lunes, 12 de enero de 2009

200 años del nacimiento de Darwin

Ya superados los vahos y resacas de la fiesta del cumpleaños 100 de Levi Strauss, estamos listos para comenzar a festejar el onomástico número 200 de Charles Darwin. Se suman a sus primeros 200 años, el aniversario 150 de la publicación del "Origen de las Especies" y del origen también de una polémica que, necedad mediante, sigue vivita y coleando. Muchas confusiones surgieron a partir de la edición del libro. Las malinterpretaciones no sólo florecieron entre quienes lo atacaron sino también entre sus partidarios. Las confusiones no han cesado desde aquel momento.
El primer malentendido es el de pensar que la evolución es un proceso que tiene un fin en sí mismo y que por lo tanto sigue un camino de constante e inevitable mejora. Esto concuerda perfectamente con la imagen que el ser humano tiene de sí mismo. El hombre como instancia superior de la naturaleza. El cerebro es la prueba palmaria del hecho. Sin embargo Darwin postuló que la evolución es un proceso que consta de dos etapas con un orden invariable: la primera donde interviene el azar necesario para generar la variabilidad; la segunda donde el medio ambiente, dinámico, establece las condiciones en la que se llevará a cabo la selección natural. Es la evolución, por lo tanto, un proceso estocástico. La suma del azar más el determinismo. No hay mejoras absolutas de generación en generación. Sólo azar y adaptación a un contexto que cambia indefectiblemente, volviendo obsoletas las adaptaciones que alguna vez tuvieron éxito evolutivo.
La segunda tergiversación surge al interpretar que el sujeto de la evolución es el individuo. Como bien señala Stephen Jay Gould, en el genotipo se producen las mutaciones, al nivel del genoma; en el fenotipo, es decir en las expresiones del genotipo más el ambiente o sea en el individuo, se produce la selección; por último la evolución se da en el nivel de la especie. Como una unidad la especie o bien se adapta o bien se extingue, más allá de la necesaria variabilidad que se da intra especie. Esto echa por tierra cualquier interpretación relacionada con el darwinismo social, que asume que la evolución es individual. De allí los argumentos que responsabilizan a cada uno por la posición que ocupa en la estructura social. No es posible sostener que hay culturas más evolucionadas que otras, ya que todos pertenecemos a la misma especie y por lo tanto tenemos en nuestro haber la misma cantidad de años sobre la tierra. Las culturas en su trayectoria evolutiva siguen un mecanismo diferente que el que interfiere en la naturaleza, pero no es éste el lugar para tratarlo. Ya se escribirá un post al respecto.
Podríamos seguir enumerando errores como el que le otorga a la evolución un carácter lamarckiano, es decir una herencia de los caracteres adquiridos o aquel que reza que “el hombre desciende del mono” y que no comprende que con los primates actuales tenemos antepasados comunes.
Tal vez el mejor homenaje que podamos hacer sea leer y releer su obra. Sus enemigos más encumbrados, aquellos que se esconden en la seguridad del dogma religioso, no son un penoso recuerdo sino que están vivitos y coleando. Su nuevo caballito de batalla se llama “diseño inteligente”. Pero el problema no está en el nombre, sino que en sus premisas aparece un demiurgo. Ese detalle viola indudablemente el principio de demarcación científica y por lo tanto deposita ese cuerpo de ideas en la morgue de la metafísica.

5 comentarios:

Carlos Reynoso dijo...

Yo también armé una especie de celebración rememorando el viaje de Darwin (y el mío propio) a las Galápagos y repensando la relevancia de esta contigencia en la estructura de nuestra visión actual de las cosas.

Carlos Reynoso
http://carlosreynoso.com.ar/itinerarios-antropologicos-islas-galapagos/

Sergue dijo...

Siguiendo lo que vos decís todavía están muy presentes las ideas de cadenas o escaleras como metáforas de la evolución, cuando me parece que es mucho mas sugerente la idea de árbol con sus múltiples ramificaciones.
Otro concepto darwinista miy poderoso a rescatar es el de variabilidad como prerequisito para la evolución, con lo que es posible dejar de ver la diversidad como un problema y pasar a considerarla algo que contribuye a la potencialidad de una población.

Anónimo dijo...

ayer vi un documental en encuentro sobre biotecnología, que terminaba diciendo que gracias a ella la humanidad se convertirá en la primer especie capaz de modificar el curso de su propia evolución. Resulta increible que 150 años después se siga repitiendo semejante lectura paupérrima de la teoría evolutiva -con su tufillo a eugenesia- y que salga por tv abierta considerando la carga de legitimidad que tiene.
saludos
Juan Ignacio

ANTROPOCACOS dijo...

¿Lo de la fiesta del bicentenario es un desafío?

Esteban S dijo...

Lindo post. Esperemos que el futuro no nos encuentre obligados a defender la teoría más perdurable y fructífera alguna vez formulada por la ciencia.